EL ABC DE LOS PERFUMES,  General,  HEMOS PROBADO

ROMANTINA DE JULIETTE HAS A GUN

24 HORAS EN ROMA, Relato secreto de ROMANTINA
El sol se está poniendo sobre la Plaza Navona. Estamos bebiendo un Spritz en la terraza de un café, en una calle adyacente. De repente, tengo el presentimiento de que alguien me está observando… Simulo estar absorta en las palabras del hombre sentado frente a mí que, a propósito, es con quien comparto mi vida. Me dice que en escasas horas, tendrá que coger un avión de vuelta a París y, para mi sorpresa, me tiene que dejar sola en Roma durante 24 horas.
En la esquina de una servilleta de papel, escribe afanosamente una lista de tratorías, plazas y fuentes que tengo que visitar. Me besa con ternura en la frente, coge su maleta y se zambulle entre la masa de polos de colores, mezclándose con ellos y desapareciendo completamente.
Decido disfrutar de los últimos rayos de sol y terminar de leer mi guión, pero esa mirada extraña se torna más y más insistente. Aparto un poco la cabeza de entre las páginas y mis ojos topan inmediatamente con los suyos. Son verdes. De un verde esmeralda brillante, enmarcados en piel dorada y largas pestañas marrones. ¡Qué belleza! Él me sonríe. Tímidamente devuelvo el gesto. Estoy a punto de bajar la mirada de nuevo cuando de repente se pone en pie. Aparta las mesitas que nos separan hasta que llega a mí, sentándose sobre la silla vacía. Yo me rindo. Él apenas habla inglés, mis conocimientos de italiano son muy vagos. En una lengua que se convertirá en la nuestra durante las próximas 24 horas, se ofrece a enseñarme la ciudad, su ciudad. En ese instante me olvido de todo. La preparación de mi película, París, mi gato, mi compañero, su nombre, mi nombre; que ahora que recuerdo, nunca di a mi Romeo…
Murmuro una respuesta. Acepto.
Coge mi mano y me conduce a través de un sinfin de calles bordeadas con vallas de color ocre. Cada escaparate que pasamos, parece estar repleto de un increíbe surtido de apetitosos vegetales, quesos y helados, aunque nada es comparable al placer de dejarme llevar a ciegas por un guapo desconocido. Sin aliento, llegamos hasta una pequeña plaza, lejos de la Roma turística. Nos acercamos hasta una fuente con cascada de agua, sumerjo mis manos en el frío líquido para refrescarme aplicando las palmas sobre mi cuello. Su mano se posa repentinamente sobre la mía, subiendo hasta mis hombros, tocando mi pelo. Siento su presencia detrás de mí. Me doy la vuelta y nuestros labios se unen como si hubieran estado separados durante largo tiempo.Todo esto que parece estar pasando… ¡son las cámaras! ¡Corre!
El resto de aquellas 24 horas nos pertenece a nosotros únicamente. Sólo yo fotografío nuestros siguientes movimientos, guardándolos febrilmente a buen recaudo bajo llave y en mi Mac. Siempre recordaré nuestro último beso, la última vez que nos miramos, mi última palabra: Addio.
Quería dejar esos mágicos momentos entre las murallas de Roma, pero el recuerdo permanecerá
guardado para siempre. ¿Fue un affair, una aventura pasajera, amor a primera vista? No lo creo. Fue mi Romantina.
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