Hazy Rose
La Reina viste de negro. Al amanecer, cuando el alba empieza a disipar la oscuridad y el calor del sol va ganando terreno, la silueta de una rosa silvestre se recorta contra la luz. El rocío de sus pétalos se evapora bajo los cálidos rayos del sol y se crea a su alrededor un aura que se mueve caprichosamente con la brisa matinal. La curiosidad que acompaña a mi profesión me lleva a acercarme y oler a esta reina de las flores al despertar, justo cuando su aroma es único. Mi instinto me guía hasta el instante mismo en el que el corazón de la reina se abre para abrirme paso entre el rocío y las sombras y robarle la esencia de su ser.
Oriente y Occidente se miran a los ojos de principio a fin en esta radical composición. El contraste del jengibre y el azafrán se rompe en medio de la prueba de fuerza entre el cedro y la rosa más oriental. La “sangre” del styrax baña el musgo yugoslavo y se posa entre un centenar de almizcles.
